miércoles, 31 de diciembre de 2008

Paseo Nocturno

Ya es tarde, los ruidos de la capital agonizan entre los ladridos de los perros de la Vega Central. La penumbra reina por los pasillos del cuartel, y mi existencia pena, vago sin destino por las escaleras cansadoras y devastadoras. Siento frío en lugar determinados, y cierro los ojos cada tres pasos… una ventana le permite el paso a una leve brisa, y mi nostalgia se burla y la confundo con su aroma, es sólo el viento que refresca el lugar, pero me recuerda a quien hoy añoro.

La gotera del baño de la guardia, un cruel segundero una vez que estas en la cama, mirando el cielo y tratando de comunicarte con ella con la mente “buenas noches amor, te extraño” y me despido con un beso a un recuerdo tal como lo haría un soldado en campaña o un amante forzado a ir lejos. El frío de su última mirada mientras tomaba el café y me pedía que me fuera, la fuerza de su voz cuando por teléfono me repetía que ya era suficiente, el crujir de la culpa y el peso del arrepentimiento.

Es imposible dar vuelta atrás, pero sin este dolor no sabría si quiera lo que significa amor.