sábado, 29 de mayo de 2010

Vasija

Una vez ella me dijo que nuestro amor era como la delicada vasija de porcelana, que cuidadosamente guardábamos sobre un pilar, y que la serie de movimientos poco delicados que cometí logro hacer que esta cayera al suelo convirtiendo esa hermosa pieza en nada más que basura, y que si bien es posible recolectar cada pedazo, sería imposible que volviera a ser lo que fue. He pensado, muchas veces en esa declaración bajo el árbol del forestal. ¿Era nuestro amor una vasija de porcelana?

Nuestro amor no era la vasija, era lo que estaba en ella. Nuestro amor era invisible, impalpable e insonoro, nuestro amor no existía dentro de la porcelana, era prisionero de la porcelana. Cuando lo escondimos ahí y cuidamos que nada le sucediera también nos arriesgamos a que se fuera, porque el amor no debe ser oculto, no puede estar almacenado, porque el amor es libre, y el amor es concreto a la vez… yo la amo aun cuando no exista forma de seguir amándola, aun cuando vea que ella logro salir del muelle libre, con temores por las tormentas que enfrentaría, pero libre, en cambio yo, la miro partir y alejarse desde el mismo lugar, y no me atrevo a moverme porque quizás, quizás un rayo de atardecer la haga voltear a mi mirarme. Y todo el mundo me dice que me vaya, que aunque se voltee ya no está cerca, que ya no me vería, o me vería, pero no me sentiría. Y como un desesperado grito contra el viento de mis culpas, te amo discúlpame, te extraño vuelve, te necesito ayúdame, no te hare más daño… perdóname. Pero de nada sirve hablar hoy, si cuando toco actuar lo hice mal. Entonces hemos perdido todo, y sentimos que no hay razón para seguir así, si se rompió la vasija, si dejamos al amor escapar, o sencillamente lo ahogamos en normas que no debería seguir. Y todo se vuelve claro con el tiempo.

El aire que había tanto dentro como fuera no era distinto, eran lo mismo, nuestro amor con o sin forma es igual, porque no importa la cantidad de solvente en la solución, siempre será la misma concentración. Porque qué importa que hoy este nublado, mañana si corre viento el cielo estará libre de esas nubes sin forma, y será limpio, puro y sin marcas, porque las nubes no pertenecen al cielo, ni las estrellas pertenecen a la noche, pasan. Nuestro amor es el cielo, y hoy está nublado por las dudas, los temores y los desengaños. La desilusión son nuestras estrellas, pero se irán, llegara el día, en este tiempo o en el próximo donde podre vivir nuestro amor sin el dolor que me paraliza el pecho hoy, sin esta presión que no me deja avanzar, porque si bien ella partió del muelle sin mirar atrás, abrazando nuevos vientos puros y llenos de esperanza, desde aquí, desde la orilla y sin bacilar siquiera un segundo, estoy atento, por si un nuevo viento purificador la trae de vuelta.

La esperanza es lo que mueve y me motiva, no de obtener lo que deseo, ya lo tengo, ya tengo el amor que tanto le pedí a Dios, la esperanza que me motiva es, que sea ella, quien disfrute del nuevo impulso de mi alma, porque aunque el viento no sople a favor, los volantines solo se elevan con viento en contra… y en el entrego mi corazón.

Ojala mires al cielo esta noche, y veras como te estoy recordando.