lunes, 16 de agosto de 2010

NUESTRO HUMILDE BICENTENARIO

Estábamos todos(as) viviendo la ansiedad de lo que nos preparaban nuestros 200 años de vida independiente, teníamos metas grandes… construcciones que le recordarían a las futuras generaciones nuestro nivel de adelanto, obras de teatro y torrenciales de cultura, fondos especiales para apoyar la investigación. En el plano gubernamental esas eran nuestras metas; pero lo social no quiso decir ausente en la fiesta, y nos pusimos metas aun más altas, un bicentenario sin campamentos, sin violencia en la familia, un país sin discriminaciones… y le dimos el vamos a la fiesta con un cielo capital lleno de luces de muchos colores, con los sonidos de canciones emblemáticas que aun rebotaban en las fachadas del centro. Pero aquí estamos, a pocos días de la fecha en la que nos comprometimos a estar disfrutando. ¿Qué tenemos?

Este año, la naturaleza nos hizo pasar de pocos campamentos de cientos de aldeas temporales, vimos como quienes vivían una vida acomodada, quienes disfrutaban de tranquilidad y techo gracias a su sacrificio personal y familiar, perdieron su protección, no sólo perdieron su techo… perdieron el piso y la confianza de la cual gozaban. Cómo si uno de los más grandes terremotos de la historia no fuera suficiente para adornar nuestro pastel de 200 años, nos toca, el invierno más frio en 100 años, y nuestras pantallas se llenaron de los mismos que sufrieron a causa del terremoto enfrentando lluvias y temperaturas verdaderamente inhumanas. Vamos, ¿Qué otra cosa nos podría pasar? Obvio nos ha costado más de lo que pensamos salir del terremoto a causa del invierno, pero miremos el lado amable… nuestra economía crece a un ritmo envidiable… nuestra principal exportación, el cobre, se vende a precios históricos. Y el debate cambio, ahora la pregunta era, ¿Cuánta plata podemos sacar del cobre para construir más casas más rápido? Y nuestro consuelo, días antes del día del niño sufre un golpe certero. 33 mineros, no de los que se paran año tras año a exigir bonos millonarios, con los que se compran camionetas enormes y casas aun más grandes donde con suerte una familia se encuentra, si no de esos que trabajan en las condiciones más “Centenarias” y lo hacen no sólo por su familia, lo hacen en conciencia del entorno, preocupados por la región que les presta el suelo para su trabajo (hablo de los mineros, no de los dueños de la faena) quedan atrapados a casi un kilometro de profundidad, la noticia nos alarma, seis horas después de que sucede, sabemos que hay 33 Chilenos luchando por sobrevivir en una mina, y en mi hogar el silencio rondo una mesa comúnmente ruidosa. Silentes veíamos como llegaban familiares invadidos de pánico al saber que su abuelo, papá, hermano, hijo o hasta nieto vivían horas cruciales… la mesa ruidosa, en la casa donde el terremoto paso pero no se quedo, donde el frio entro pero salió espantado por una buena estufa a parafina (antigua y todo), sólo murmuraba oraciones incompletas, elevaba peticiones y finalmente intentaba seguir con el ritual chileno clásico, la once. ¿Desanimado, desanimada?

Queríamos un bicentenario luminoso, lleno de triunfos artificiales, logros que pocos intereses y valor histórico tendrían. Porque un nuevo museo no nos haría una sociedad sedienta de cultura, porque erradicando los campamentos no erradicábamos la extrema pobreza ni mucho menos la desigualdad, porque con un museo de la memoria no dábamos un paso adelante aceptando nuestras cicatrices históricas dando paso a la comprensión y el abrazo fraterno. Nuestro bicentenario, quiera Dios gracias, será un humilde bicentenario.

Humilde Bicentenario digo, humilde no porque muchos(as) lo vivirán en condiciones distintas a las que esperábamos, humilde ya que nos presenta un país con muchas tareas por realizar, mucho trabajo que necesitara de ti, de ella y el, de ellos por supuesto, de nosotros y nosotras! Las catástrofes o los dolorosos accidentes pueden ser verdaderamente devastadoras, y nuestro talento estará en sentir esto como una gran oportunidad, no para reconstruir el país que se vino al piso, porque volver a lo que teníamos (en todo aspecto) no es bueno, bueno es llegar a un punto nuevo, adelantado… distinto, y mucho mejor.

Mi Chile, mi país del bicentenario no termina este 2010, por fortuna, mi país del Bicentenario se inicia este 2010. Te invito a construirlo.